Nuestras ideas liberales se plasman también en un modo de entender la sociedad y en una actitud hacia las personas y las relaciones sociales. Así, en nombre de la razón y del derecho de todo hombre a vivir libre, nosotros los liberales concebimos el universo como una inmensa mecánica cuyos engranajes obedecen a leyes naturales. Pero además, para nosotros los liberales, las leyes debían garantizar el ejercicio individual de las libertades individuales frente al poder del Estado y se definía la libertad política como el conjunto de garantías del ciudadano ante los poderes públicos. Deseamos un Estado que respete las libertades y que hiciera aplicar una ley igual para todos. Nosotros rechazamos todo poder absoluto y desconfiamos de los poderes constituidos. Somos partidarios de un régimen parlamentario con garantía de derechos y separación de poderes. Cada uno de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) equilibraba a los otros dos. El poder no puede manifestarse bajo la forma de decisiones arbitrarias que provinieran de una autoridad que se reclamaba de derecho divino. Nosotros no somos hostiles a la monarquía, siempre que fuera constitucional y que los monarcas reinaran, pero no gobernaran.
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